Por qué lo que sientes por dentro acaba afectando a tu cuerpo
Esto no empieza en el cuerpo.
Empieza mucho antes, pero ahí todavía puedes hacer como que no pasa nada.
Sigues con tu vida, haces lo que toca, te adaptas, tragas lo que no te gusta y tiras. Como todo el mundo. No es nada raro. No hay nada especial en eso.
El problema es que no se queda ahí.
Lo vas dejando pasar. Un día, otro, otro más. Cosas pequeñas que no cierras, decisiones que sabes que no son las tuyas, situaciones que mantienes porque es más fácil seguir que cambiar.
Y no pasa nada… al principio.
Luego empiezas a notarlo. Te van saliendo dolores, nuevas limitaciones, pero sigues funcionando. Te dices que será el cansancio, el ritmo, cualquier cosa.
Y sigues.
Hasta que deja de ser algo puntual.
Ahí es cuando ya no es tan fácil ignorarlo, pero aún así lo intentas. Porque lo otro implicaría parar y mirar de frente lo que llevas tiempo evitando.
Y eso no apetece.
El error es ese. Pensar que puedes seguir igual y que el cuerpo va a aguantar sin decir nada.
No aguanta.
Lo que no resuelves no desaparece. Se queda. Y acaba saliendo.
No porque el cuerpo falle, sino porque es donde ya no puedes esconderlo.
Y lo sabes.
Sabes qué parte de tu vida no encaja. Sabes qué estás manteniendo por inercia. Sabes dónde te estás engañando.
Pero mientras puedas seguir tirando, lo haces.
Hasta que ya no.
Si quieres entender mejor esto, lo explico más claro aquí:
👉 https://enriqueleonautor.blogspot.com/p/preguntas-frecuentes-sobre-enrique-leon.html

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